El Granca lo tenía en su mano. Era difícil sorprender al Valencia Basket en su Roig Arena, pero dependían de ellos mismos para hacerlo y asegurar la salvación sin depender de otros resultados. Pero desde el salto inicial quedó claro que los pío pío iban a cantar bien poco ante los taronja. Perdieron con claridad por 105-81. Mas aún tenían una opción para salvarse, que el Zaragoza perdiera.
Y los aragoneses lo estaban haciendo en la cancha del Breogán. Casi siempre a remolque, lo vieron prácticamente imposible con un 91-83. Pero surgió la magia. Y el baloncesto en estado puro. Después de varias acciones, se llegó a con un 94-91 y tiros libres para Bell-Haynes. El primero lo anotó. El segundo lo lanzó a fallar, un balonazo que escupió el aro volviendo a su autor. Justo lo que el escolta quería. Entonces miró al lado con dos rivales encima y encontró a Spissu liberado. Lo que ocurrió después tienen que verlo.
Ese triple del zurdo italiano requirió de una revisión interminable... pero entró en tiempo, fue válido y con esos tres puntos el Casademont Zaragoza ganó 94-95 y logró la salvación en un guion digno de Oscar.
Claro que esa alegría se tradujo en tristeza infinita en Valencia, donde el Granca, ya en vestuarios, certificó su descenso a Primera FEB, donde acompañará al Covirán Granada.
