La selección peruana ya tiene una hoja de ruta para su última fecha FIFA del 2026. Después de una gira por Norteamérica que dejó tres derrotas y un empate, la Bicolor afrontará dos amistosos en territorio nacional ante Bolivia y Honduras, con la expectativa de cambiar su imagen y darle otro impulso al proceso de Mano Menezes, cuyo principal objetivo es construir un equipo competitivo para las Eliminatorias al Mundial 2030.
Según informó el periodista César Vivar en el programa ‘Doble Punta’, el primer encuentro se disputará el viernes 13 de noviembre frente a Bolivia, en Lima. El Estadio Monumental de Ate aparece como el escenario previsto, aunque todavía falta la confirmación oficial de la sede. Cuatro días después, el martes 17, Perú se medirá con Honduras en Cusco, en el estadio Inca Garcilaso de la Vega.
La programación supone un cambio respecto a los planes iniciales de la Federación Peruana de Fútbol (FPF). En un primer momento, Costa Rica era la selección considerada para el compromiso en altura. Sin embargo, las negociaciones no prosperaron y Honduras ocupará finalmente ese lugar en el calendario de la Bicolor.
Dos escenarios y una misma necesidad: ganar
La elección de los rivales responde a un momento en el que Perú necesita resultados que acompañen el trabajo del comando técnico. La reciente gira norteamericana dejó un saldo de tres derrotas y un empate: caída por 4-1 ante Estados Unidos, igualdad 1-1 frente a México y derrotas por 2-0 contra Canadá y Colombia. El equipo no consiguió sostener un rendimiento competitivo durante los cuatro encuentros.
Mano Menezes ya había reconocido la importancia de seleccionar estratégicamente a los próximos adversarios para que la selección pueda volver a ganar. El entrenador brasileño considera que las victorias también forman parte de la construcción de un proyecto, especialmente después de una serie de resultados adversos.
En ese contexto, Bolivia representará una primera evaluación ante un rival sudamericano, mientras que Honduras ofrecerá un desafío diferente en condiciones de altura. Más allá de los resultados, los encuentros permitirán al cuerpo técnico seguir observando futbolistas y ajustar aspectos colectivos de cara al siguiente ciclo de preparación.
El duelo en Cusco tendrá, además, un significado particular. La FPF viene evaluando la posibilidad de trasladar algunos partidos de la selección a ciudades de altura para las próximas Eliminatorias. La elección del Inca Garcilaso de la Vega permitirá probar al equipo en ese escenario, aunque un amistoso no será suficiente para determinar por sí solo las ventajas deportivas de una eventual localía permanente fuera de Lima.
La planificación también abre interrogantes sobre la convocatoria. Menezes tendrá que decidir qué futbolistas mantienen su lugar después de la gira y qué alternativas puede incorporar para ampliar sus opciones. La continuidad de los jugadores en sus clubes y su respuesta en los entrenamientos serán factores importantes en esa evaluación.
Los amistosos de noviembre serán los últimos compromisos internacionales de Perú en el año y una oportunidad para cerrar el calendario con mejores sensaciones. El desafío no se limita a cambiar las cifras recientes: la selección necesita encontrar una idea reconocible, mejorar su funcionamiento y recuperar confianza. Bolivia y Honduras serán las próximas pruebas de un proceso que todavía tiene camino por recorrer.
