Entrevista | Lazaar: "Con Benítez nunca corríamos, hacíamos rondos y a casa"

Achraf Lazaar durante su etapa en el Newcastle
Achraf Lazaar durante su etapa en el NewcastleMartin Rickett / PA Images / Profimedia

La franqueza es una de las cualidades que hacen de Achraf Lazaar un caso raro en el mundo hipócrita del fútbol actual. "No me gusta el fútbol de hoy, es un mundo lleno de gente falsa", cuenta en exclusiva a Flashscore, en la víspera de su regreso a los terrenos de juego.

El ex lateral izquierdo de aquel magnífico Palermo repasa con nosotros los capítulos más importantes de su carrera, sin guardarse nada: desde su duro veredicto sobre Rafa Benítez y los entrenamientos del Newcastle hasta su añoranza por Italia y la ambición de recuperar su sitio en la selección de Marruecos de cara al Mundial 2030.

Pregunta; Empecemos por el presente. ¿Cómo se encuentra física y mentalmente? ¿Se está preparando para volver al campo o ya ve el fútbol desde fuera?

Respuesta: Mentalmente, me siento fantástico, a pesar de mis compromisos empresariales: las marcas confían en mí y me involucran a menudo en diferentes iniciativas. Pero dejando a un lado los negocios, siempre soy futbolista: nací para el fútbol y siempre lo seré.

Físicamente, estoy en muy buena forma y esperando una oportunidad en la que mi agente lleva meses trabajando. Tuvimos la opción de movernos antes, pero decidimos empezar directamente con una pretemporada, porque para mí es fundamental: es el combustible de cualquier jugador. Si haces bien la pretemporada, todo el año va de maravilla. Ahí es donde se hace el trabajo real, y lo necesito para empezar fuerte.

P: ¿Puede adelantarnos dónde será esta nueva aventura?

R. Bulgaria. También tuve un par de propuestas de Brasil, de clubes de segunda división, pero como estoy abriendo negocios en Europa y mirando hacia Dubái, prefiero quedarme cerca. Además, quiero mandar un mensaje a la selección de Marruecos: desde que me fui, no he visto ni un sólo lateral izquierdo puro; todos han sido improvisados. Creo que puedo ocupar ese puesto tan bien como siempre lo he hecho.

P: Hablando de la selección de Marruecos, el Mundial está a la vuelta de la esquina y el recuerdo de aquella histórica semifinal de 2022 sigue muy presente. ¿Cree que hay más ilusión o más presión por mantener ese nivel?

R: Todavía no siento una presión real, porque no es como otros Mundiales. Los aficionados marroquíes siempre miran el último resultado; tienden a olvidar los buenos momentos y solo se fijan en lo negativo. Ahora mismo, están esperando ver las decisiones del seleccionador; ha habido cierta polémica porque históricamente jugadores fijos no han sido convocados, como En-Nesyri.

Siempre soy partidario y apoyo a los chicos que visten la camiseta. Va a ser una prueba enorme, sobre todo porque debutar contra Brasil no es algo que se pueda tomar a la ligera.

P: Llevó la camiseta de la selección durante mucho tiempo. ¿Está orgulloso de su recorrido? ¿Es una puerta que aún podría abrirse?

R: Sí, sigo en contacto con los chicos y el cuerpo técnico. Todavía conozco a mucha gente allí.

Estuve en la dinámica hasta 2021 con Vahid Halilhodzic y estaba listo para ir a la Copa África. La selección también me ayudó a encontrar equipo tras mi etapa en el Watford, para que pudiera tener minutos: por eso fui al Portimonense en Portugal, donde querían darme juego para llegar en forma al torneo. Por desgracia, en 2021 sufrí una grave lesión: fractura de peroné, que me tuvo casi un año fuera. Eso me frenó justo cuando llegó Regragui, y él me dejó completamente de lado.

Es comprensible, ya que estaba sin equipo, pero al menos habría esperado una llamada por respeto a todo lo que siempre he dado a la selección, un gesto de reconocimiento a alguien que siempre fue parte del grupo. En ese momento, me alejé del staff y seguí trabajando por mi cuenta con un preparador físico de primer nivel.

Espero volver a encarrilar mi carrera y terminar por todo lo alto, quizá jugando un último Mundial antes de colgar las botas.

Lazaar jugando con Marruecos.
Lazaar jugando con Marruecos.FADEL SENNA / AFP / AFP / Profimedia

P: Como lateral puro, ¿qué opina de los actuales carrileros marroquíes como Hakimi y Mazraoui? ¿Ha cambiado mucho su rol con los años?

R: Siempre he sido un jugador ofensivo; la fase defensiva me aburría un poco. Siempre buscaba proyectarme al ataque, y mi filosofía era mantenerme arriba para presionar al rival, muchas veces jugando con línea de cinco. Al estar arriba, podía anticipar al rival en su posesión, así que cuando recuperaba el balón ya estaba en campo contrario. Es un estilo que ya practicaba en Palermo y Varese, y hoy se ha convertido en la forma moderna de jugar.

Estoy orgulloso de compañeros como Hakimi y Mazraoui, que están entre los mejores del mundo. A veces pienso que nací en la generación equivocada: si jugara hoy como jugaba entonces, quizá habría llegado aún más lejos, incluso a la Champions League.

De todas formas, acepto lo que Dios ha escrito para mi camino y estoy orgulloso de lo que he logrado, pero sigo siendo una persona muy ambiciosa que no se detiene ante el primer obstáculo.

P: En Italia, su nombre evoca enseguida aquel gran Palermo de Iachini, con Dybala, el Mudo Vázquez y Belotti. ¿Qué recuerdos tiene de aquello?

R: Mi mejor recuerdo es precisamente Palermo: no hay ciudad ni afición como esa. El vestuario que teníamos también es difícil de encontrar; en todos estos años, no creo haber vuelto a coincidir con un grupo así.

Me da mucha pena lo que le pasó a Zamparini (expresidente fallecido en 2022); era un hombre que realmente entendía de fútbol, más allá de su carácter. Creo que es muy difícil que el Palermo actual vuelva a construir un equipo como aquel.

P: Hoy, el Palermo forma parte del City Football Group. ¿Por qué cree que les cuesta tanto volver a la Serie A pese a las inversiones?

R: A veces invertir no garantiza resultados; puedes gastarte 60 millones en un jugador y que salga un fiasco.

Zamparini me fichó por muy poco, alrededor de 1,2 millones, e hizo lo mismo con talentos como Dybala. Hoy es difícil descubrir jugadores como el Mudo Vázquez, Barreto o Abel Hernández.

Muchos de los chicos que estaban con nosotros y quizá ni siquiera eran titulares ahora son capitanes y estrellas en clubes italianos. El fútbol ha cambiado: cada año hay menos calidad, ya no ves al chaval talentoso que puede cambiar un partido él solo. Ahora es un juego robótico, tienes que dar uno o dos toques como un autómata y limitarte a seguir las órdenes del entrenador.

Achraf Lazaar y Paulo Dybala celebran un gol del Palermo.
Achraf Lazaar y Paulo Dybala celebran un gol del Palermo.ČTK / AP / Alessandro Fucarini

P: ¿Qué le ha dado Italia a nivel personal y táctico?

R: Italia me ha dado muchísimo, me siento italiano también porque crecí aquí, aunque nací en Marruecos. Me dio mi educación y mi cultura; tengo infinidad de amigos italianos.

Estoy muy vinculado a Varese, donde me quieren como a un hijo, y trato de devolverle a la ciudad invirtiendo en la zona. Hablo a menudo con figuras institucionales y profesionales, como Emanuele Monti o el abogado Montalbetti, para hacer algo por los niños y los jóvenes, para dar nueva vida a la ciudad.

Tácticamente, si no hubiera sido por Italia, no habría sabido cómo exprimir al máximo mis cualidades. Recuerdo que cuando llegué del Raja Casablanca, me decían que técnicamente estaba a otro nivel, pero Italia me hizo impecable tácticamente.

Ahora espero ayudar a los jóvenes con mi experiencia, quizá a través de proyectos de academias, porque el fútbol base hoy está en muy malas manos.

P: Además de Italia, tuvo etapas importantes en Inglaterra. ¿Qué diferencias notó?

R: El fútbol inglés es el más fuerte del mundo, pero en Italia es una religión, y me entristece que ese sentimiento se esté perdiendo. En Inglaterra, pese a jugar en clubes como Newcastle, Watford o Sheffield Wednesday, fuera del campo no me sentía futbolista.

En Palermo me adoraban y me mimaban como a un rey; en Newcastle, en cambio, la afición era fría. El estadio era magnífico, siempre lleno con 55.000 personas, pero en la calle nadie sabía quién era. Podía tomarme un café al lado de ellos y apenas me saludaban. Echaba de menos esa presión italiana tan bonita donde los aficionados te hacen la vida imposible si pierdes.

Además, en Inglaterra, antes de los partidos bailaban y ponían música a todo volumen en el vestuario; yo, en cambio, necesitaba silencio y concentración, solo quería escuchar el sonido de mis tacos en el suelo.

P: ¿Cómo era su relación con Rafa Benítez?

R: Personalmente, no tuve buena relación con él. Aunque insistió mucho en ficharme, en Newcastle nunca me dio una oportunidad real de jugar.

En mi primer partido me hicieron muchas faltas y enseguida me dijo: 'Esto no es la Serie A'. Me sentía perdido, no hablaba inglés y mi antiguo agente, tras llevarse su comisión del traspaso, prácticamente me abandonó.

Benítez me ponía un partido cada tres semanas: así es imposible coger ritmo de competición. Sus entrenamientos eran distintos: nunca corríamos, solo hacíamos rondos durante 40 minutos y luego a casa. En Palermo volaba, pero en Newcastle me cansaba enseguida porque había perdido fondo físico.

En Inglaterra hacían mucho gimnasio y, siguiendo el ejemplo de Cristiano Ronaldo, empecé a hacer rutinas de pesas. Me puse demasiado fuerte y empezaron las lesiones musculares.

Estaba muy estresado porque pasé de que toda la Serie A y el Lyon me quisieran a calentar banquillo en la Championship. Salía por la noche con amigos hasta las dos o tres de la mañana solo para evadirme, aunque no bebía.

Benítez me decía que no sabía cuándo jugar a uno o dos toques y me prohibía encarar. Una vez le dije que si quería a alguien que solo supiera pasar, no tendría que haberme fichado, teniendo en cuenta que me buscó cuando tenía a Inter, Milan y Roma detrás.

Era un hombre falso: hablaba mal de los jugadores del Real Madrid, diciendo que era culpa suya porque los jueves se iban a Marbella en jet privado.

Lazaar jugando con Newcastle
Lazaar jugando con NewcastleHECTOR RETAMAL / AFP / AFP / Profimedia

P: ¿Por eso decidió volver a Italia, a Benevento, para relanzar su carrera?

R: El presidente Vigorito es un hombre de oro; me trató como a un hijo. Fui allí como un reto personal contra Benítez y contra el mundo; quería demostrar que podía seguir siendo un líder."

Por desgracia, en el fútbol moderno no te dan tiempo: si no estás listo desde el primer día, te tachan de mal jugador. Un futbolista que vuelve tras una lesión necesita tiempo y una pretemporada para ponerse a tono, pero hoy lo quieren todo al instante, incluso de los jóvenes."

¿Cuál ha sido el mejor partido de tu carrera?

R: El Palermo-Nápoles en febrero de 2015, cuando marqué mi primer gol en la Serie A. Ese día estuve perfecto, no fallé ni una.

Le tiré un sombrero a Higuaín y me dijo: '¿Qué eres, Maradona?' Luego cogí el balón en el centro del campo y, aunque oía a Barreto pidiéndomela, estaba tan metido que solté un zapatazo desde lejos.

Ganamos 3-1 al Nápoles de Benítez; creo que me quiso en Newcastle en parte por eso, o quizá me cogió manía porque le ganamos.

P: ¿El mejor compañero con el que has jugado?

R: Decir Dybala sería lo fácil, pero el que más me ha impresionado es Ayoze Pérez. Tiene un talento y un toque que no he visto en nadie más.

Usa una bota del 44, aunque mide lo mismo que yo: le gastábamos bromas por eso, pero podía hacer desaparecer el balón. Parece delgado, pero tiene una fuerza en el tronco brutal y una técnica increíble: nunca sabes lo que va a hacer."

P: ¿Dónde se ve en cinco años? ¿Sigue en el fútbol o en otra cosa?

R: Hace un año habría dicho que sí, pero hoy no me gusta el fútbol; es un mundo lleno de gente falsa y poca humanidad, donde la gente se pierde por cuatro duros. Si vuelvo a jugar, será solo por pasión y para aportar respeto y fair play al vestuario, ya que de joven sufrí acoso y luché mucho para sacar adelante a mi familia.

Ya he lanzado varios negocios: una empresa de interiorismo con un equipo de graduados que llevan proyectos residenciales y comerciales. Además, estoy adquiriendo participaciones en una empresa de hostelería para lounge bars y restaurantes, empezando en Varese y expandiéndome a Milán, Madrid, Ibiza y Dubái.

En el futuro quizá me centre en una academia de jóvenes o proyectos psicomotrices, pero mi objetivo ahora mismo es despedirme del fútbol jugando el próximo Mundial en 2030.