Cinco goles en dos partidos, el adelantamiento a Miroslav Klose y el nuevo récord en la historia de los Mundiales. Lionel Messi sigue sumando capítulos a una historia que parecía no tener ya espacio para más hazañas.
Sin embargo, para entender de verdad al genio que hoy lidera a Argentina en busca de otro título mundial, hay que retroceder más de 25 años, cuando Leo aún era Lio y no el capitán de la selección albiceleste, no tenía Balones de Oro ni trofeos en sus vitrinas. Sólo era un niño de 13 años que llegó desde Rosario con un sueño enorme y un obstáculo igual de grande.

En Barcelona, esa pequeña pulga que luego sería la Pulga llegó en el 2000, acompañado por su familia.
Su historia se ha convertido en leyenda también por aquel contrato improvisado firmado en una servilleta del restaurante donde se celebraba esa primera reunión (servilleta que, en 2024, fue subastada por 890 mil euros). No había tiempo que perder. Ya se intuía que era especial.

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El primer entrenador
Sin embargo, la decisión no fue sencilla. La adaptación de la familia a la nueva vida en Cataluña fue complicada, tanto que en un momento dado la familia regresó a Argentina. Lio, en cambio, decidió quedarse. Lo hizo con su padre Jorge, una presencia fundamental en su crecimiento personal y deportivo. Una decisión que cambiaría para siempre su historia y la del fútbol.
En La Masía, quien recibió a aquel chico reservado y lejos de casa fue Xavi Llorens, el primer entrenador blaugrana del niño que, ya hombre, se convertiría en uno de los mejores futbolistas de la historia. Para algunos, el mejor.

“Lo primero que me llamó la atención de Leo fue la concentración con la que jugaba y entrenaba: en cada balón, en cada momento, siempre estaba muy concentrado y atento a todo”, cuenta el actual seleccionador de la selección femenina catalana. Una cualidad que, vista hoy, parece la primera pista de lo que llegaría a ser.
Llorens, descubridor de talentos
Pero ni siquiera quienes lo entrenaban de cerca podían imaginar una trayectoria así: “Sinceramente, nunca pensé que llegaría a hacer todo lo que ha hecho. Ocho Balones de Oro, casi 1.000 goles, todos esos títulos...”, admite con total sinceridad Llorens, alguien que sabe de talento, ya que como entrenador del Barça femenino logró que Alexia Putellas regresara al club y debutara Aitana Bonmatí en el primer equipo.

Aquel niño ya tenía algunas características que le acompañarían durante toda su carrera. Fuera del campo era muy distinto al jugador que luego maravillaría al mundo. Era reservado, introvertido, con un círculo muy pequeño a su alrededor: “Fuera del campo, era un chico muy tímido y con poquísimos amigos. Tenía una relación especial con Diong Mendy, pero su grupo de amistades era bastante reducido”, recuerda Llorens.
Leo, Diong y papá Jorge
Diong Mendy era otro joven talento llegado de lejos (Senegal), con quien Messi forjó una relación especial. Dos chicos extranjeros que, en la soledad de un entorno nuevo, encontraron un apoyo mutuo. Fuera, pero sobre todo dentro del campo: Leo creaba, Diong marcaba.
Sin embargo, sus caminos se separaron en un momento dado. Mendy, a pesar de ser el goleador de aquel equipo y el compañero de ataque de Messi, tuvo que afrontar un destino más duro: a los 17 años perdió a su padre y se vio obligado a centrarse más en su familia, sacrificando parte de la carrera que podría haberle llevado más lejos.

Messi, en cambio, siempre tuvo a su lado a papá Jorge, una figura clave que le permitió centrarse en el fútbol y continuar el camino iniciado en la Masia: "La llegada a Barcelona no fue sencilla. Su familia tuvo dificultades para adaptarse a la nueva vida y hubo dudas sobre si quedarse o no en la ciudad. De hecho, en un momento decidieron volver a Rosario. Pero Leo quería quedarse y se quedó con su padre", confirma Llorens.
El inconformista
El talento, sin embargo, no habría sido suficiente y, según el técnico catalán, lo que marcó la diferencia fue su inconformismo: “Una de sus cualidades fundamentales es ser inconformista. Quiere ser perfecto en todo lo que hace. Siempre se exige el 200% a sí mismo”.
Una mentalidad que le ha acompañado hasta hoy, transformando al niño prodigio de La Masía en el jugador que ha conquistado ocho Balones de Oro, un Mundial y prácticamente todos los trofeos posibles e imaginables.
Ante una carrera tan irrepetible, ni siquiera su primer entrenador puede ocultar cierta admiración: “Las expectativas eran altas, pero no de llegar hasta donde ha llegado. Ni en sus mejores sueños habría imaginado algo así”.
El único y verdadero heredero de Diego
Y es que Messi ha llegado tan alto que es el único futbolista que no desentona en la comparación con Diego Armando Maradona. Dos argentinos, dos épocas distintas, dos leyendas que pasaron por Barcelona.
“Son parecidos en muchísimas cosas - explica Llorens - . Maradona se movía por más zonas del campo y lo hacía todo perfecto a pesar de jugar en un fútbol mucho más duro, con muchas más entradas. Messi, en cambio, tiene una posición más definida, suele partir desde la derecha para ir hacia el centro. Pero lo que los une es la facilidad para decidir bien en los últimos metros, la capacidad de marcar la diferencia cuando y donde se decide el partido”.

Hoy Leo sigue sorprendiendo, sigue marcando y sigue haciendo soñar a todo un país, Argentina y sus aficionados repartidos por todo el mundo. Sin embargo, para quienes lo conocieron antes de que fuera Messi, todavía queda algo de aquel niño que llegó a Barcelona hace más de veinticinco años: "Yo sigo viéndolo como un niño. En mi cabeza nunca ha crecido y han pasado ya muchos años... Y aun así, hoy, cuando pienso en él, la primera imagen que me viene es siempre la de un niño".
Probablemente, Llorens tiene razón y, para entender todo lo que ha pasado después, nunca hay que olvidar esa timidez, esa capacidad de concentrarse en cada balón y ese hambre de superarse cada día. Ahí está la explicación de una carrera irrepetible: "Todos debemos estarle agradecidos".

