Opinión l Rui Vitória: El Mundial 2026, entre la tradición y el futuro del fútbol

Rui Vitória con Mohamed Salah en la selección de Egipto
Rui Vitória con Mohamed Salah en la selección de EgiptoFRANCK FIFE / AFP / AFP / Profimedia

El Mundial siempre ha sido el mayor escenario del fútbol. Sin embargo, en 2026 afrontamos algo diferente. La cita norteamericana no será una edición más del torneo. Será un momento de transición entre el fútbol que conocemos y el que está surgiendo.

La ampliación a 48 selecciones representa uno de los mayores cambios en la historia de los Mundiales. Veo esta decisión de forma positiva. El fútbol se ha convertido en un deporte verdaderamente global y tiene sentido que más países tengan la oportunidad de competir al más alto nivel. Por supuesto, existe el riesgo de que haya un mayor desequilibrio competitivo en algunas fases del torneo, pero creo que el desarrollo del fútbol mundial depende precisamente de este tipo de oportunidades. Muchos de los países que hoy vemos en la distancia pueden convertirse en protagonistas en las próximas décadas.

El Mundial de Catar también nos dejó una reflexión importante. Fue una competición disputada en un momento diferente del calendario y muchos jugadores mostraron un nivel físico y competitivo muy alto. No creo que sea realista trasladar el Mundial de forma permanente a mitad de temporada, debido a la complejidad de los calendarios nacionales e internacionales. Sin embargo, Catar nos ha mostrado que el fútbol moderno necesita repensar la carga competitiva que se impone a los jugadores, sobre todo a quienes forman parte de la élite. El futuro pasará inevitablemente por encontrar un mejor equilibrio entre el rendimiento y la recuperación.

La organización conjunta entre Estados Unidos, México y Canadá supone otra prueba para el futuro del fútbol. Las infraestructuras serán extraordinarias, pero la dimensión geográfica planteará retos inéditos. La logística, los viajes y la recuperación pueden influir directamente en el rendimiento de los equipos. Será un torneo donde la organización fuera del campo puede tener un impacto tan importante como lo que sucede dentro de él.

En el plano deportivo, Portugal sigue presentando argumentos para ser considerado un candidato serio. Cuenta con una de las generaciones más talentosas de su historia, con soluciones de gran calidad en prácticamente todas las posiciones. Pero los títulos no se ganan solo con talento. Se conquistan gracias a la capacidad de transformar la calidad individual en una identidad colectiva. Precisamente ahí residirá el mayor desafío. Si logra alcanzar ese nivel de madurez competitiva, Portugal tendrá condiciones para competir con cualquier selección del mundo.

Este Mundial también podría marcar la despedida definitiva de algunas de las figuras más influyentes de las dos últimas décadas. Jugadores como Messi, Cristiano Ronaldo u Ochoa son nombres imprescindibles que han ayudado a definir una era. Hay algo agridulce en presenciar estos momentos finales. El fútbol se prepara inevitablemente para una renovación de liderazgos. Reconoce su legado, pero no espera a nadie. Y quizá sea precisamente eso lo que hace tan especiales estas posibles despedidas: la certeza de que lo que hemos vivido con ellos no se repetirá.

Salah, como líder discreto

En ese contexto, la situación de Mohamed Salah merece una reflexión especial. Tuve la oportunidad de trabajar con él y lo que más me impresionó nunca fue sólo su talento. Fue su ambición, su disciplina, su mentalidad competitiva y la forma en que afrontaba cada día el proceso de mejora. Los grandes jugadores atraviesan momentos difíciles a lo largo de su carrera. Es parte del camino. Lo que los distingue es la manera en que responden a esos momentos.

Veo a Salah como un líder discreto, que no necesita muchas palabras, pero cuando habla, su impacto se nota. Un líder que influye con el ejemplo, con una capacidad extraordinaria para ejecutar sus tareas con enorme calidad. Su personalidad competitiva, su ética de trabajo y su capacidad de adaptación me hacen creer que seguirá siendo una referencia en los próximos años. Quizá ya no dependa tanto de la explosión física que lo caracterizó al inicio de su carrera, pero los grandes jugadores saben reinventarse. Y Salah tiene la inteligencia suficiente para seguir siendo decisivo en diferentes contextos.

Por todo esto, el Mundial 2026 será mucho más que una competición. Será un reflejo de las transformaciones que está viviendo el fútbol. Más países, nuevos modelos organizativos, nuevas exigencias físicas, nuevos liderazgos y nuevas formas de competir. Quizá dentro de unos años veamos este torneo como el momento en que el fútbol entró definitivamente en una nueva era.

La opinión de Rui Vitória
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