Centro de datos del Nacional-Universitario
Universitario volvió de Montevideo con un empate que probablemente no será recordado por el juego ni por las emociones, pero sí por el contexto. Porque el 0-0 frente a Nacional significó el estreno oficial de Héctor Cúper como técnico crema y, sobre todo, una pequeña bocanada de estabilidad para un equipo que venía golpeado en lo futbolístico y emocional. La 'U' no brilló, casi no generó situaciones claras de gol y por largos tramos se vio superada en posesión, pero al menos recuperó algo que había perdido en sus últimas presentaciones internacionales: orden. Y eso, en plena Copa Libertadores, no es un detalle menor.
El equipo crema llegó a Uruguay en medio de una transición incómoda. La salida del comando técnico anterior, la presión por seguir con vida en el torneo y la obligación de adaptarse rápidamente a la idea de un entrenador como Cúper generaban un escenario complejo. Por eso, más allá de que Universitario necesitaba sumar, el foco también estaba puesto en descubrir cuál sería la primera imagen de esta nueva etapa. Y lo que dejó el técnico argentino fue bastante coherente con lo que ha sido su carrera: prioridad absoluta por la disciplina táctica y la seguridad defensiva.
Universitario no salió a jugar un partido abierto ni intentó imponer condiciones desde el inicio. Se agrupó bien en campo propio, cerró espacios y apostó por un bloque compacto para reducir los circuitos ofensivos de Nacional. Durante varios pasajes del encuentro, el cuadro uruguayo tuvo la iniciativa y manejó más la pelota, pero le costó muchísimo encontrar claridad cerca del área crema. Ahí aparecieron figuras como Williams Riveros y Anderson Santamaría, sólidos para despejar centros y atentos en los cruces, mientras José Carabalí volvió a ser uno de los jugadores más intensos del equipo por la banda izquierda.
La sensación era clara: Universitario estaba más preocupado por no perder que por ganar. Y aunque eso le quitó ambición ofensiva, también le permitió sostenerse emocionalmente en un partido donde cualquier error podía costarle muy caro. Esa fue, probablemente, la principal diferencia respecto a otros encuentros internacionales de esta temporada, en los que la 'U' había mostrado fragilidad cada vez que el rival aceleraba.
Universitario, incómodo y disciplinado
Claro que el orden defensivo no alcanzó para esconder las limitaciones ofensivas que todavía arrastra el equipo. Álex Valera peleó casi siempre en soledad, Andy Polo apareció de manera intermitente y el mediocampo tuvo dificultades para darle pausa al partido cuando era necesario. Universitario recuperaba la pelota, pero le costaba muchísimo administrarla. Había intención de salir rápido, aunque pocas veces logró conectar tres o cuatro pases seguidos en campo rival. Ahí se notó que el equipo todavía está intentando entender la idea de Cúper y que el trabajo recién empieza.
De hecho, la ocasión más clara del partido recién apareció sobre el final. Sekou Gassama armó una gran jugada individual y dejó solo a Martín Pérez Guedes frente al arco, pero el centrocampista falló de manera increíble una situación que pudo cambiar completamente la historia de la noche. Era el triunfo ideal para el debut ideal. No llegó. Y quizá por eso el empate dejó una sensación extraña: Universitario sobrevivió, pero todavía no transmite la seguridad de un equipo preparado para competir de igual a igual en la Libertadores.

Sin embargo, el resultado mantiene intactas sus opciones de clasificación. La 'U' llegará a la última fecha dependiendo de sí misma y sabe que una victoria en el Monumental la meterá en los octavos de final. Eso convierte el próximo partido en una verdadera final y también en el primer gran examen para Héctor Cúper, porque una cosa es ordenar defensivamente a un equipo para resistir de visita y otra muy distinta será asumir la obligación de ganar ante su gente.
Por ahora, el técnico argentino dejó señales previsibles, pero necesarias. Universitario volvió a ser un equipo competitivo, incómodo y disciplinado, aunque todavía lejos de emocionar desde el juego. El empate en Montevideo no alcanzó para despejar todas las dudas, pero sí para confirmar que la nueva etapa empezó desde donde Cúper siempre construyó sus equipos: la solidez.
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