El Real Madrid ha vivido tiempos mejores. El sábado, en la visita del Levante, varios jugadores madridistas y el presidente Florentino Pérez fueron blanco de una oleada de silbidos y de los tradicionales pañuelos blancos por parte del público del Santiago Bernabéu. Una protesta que llegó tras el despido de Xabi Alonso.
Esta escena recuerda inevitablemente a la temporada 2005/06, cuando el jefe de ACS vio cómo la grada se volvía en su contra tras una sucesión de cambios de entrenador. Aquella crisis desembocó en su dimisión, el 26 de febrero de 2006, después de una derrota 2-1 ante el Mallorca.
En aquella famosa rueda de prensa, señaló tres males fundamentales en su plantilla de entonces: falta de espíritu colectivo, una pérdida de ambición alimentada por la acumulación de éxitos —y por escuchar demasiadas veces que eran "los mejores del mundo"—, y una mentalidad individualista en algunos jugadores, "desorientados", a quienes reconocía haber "educado mal".
Pero el destino es caprichoso: veinte años después, casi en la misma fecha, el guion parece repetirse... con una diferencia importante: la edad del presidente del Real Madrid. Un detalle nada menor, ya que Florentino Pérez ya no parece mirar igual a "sus chicos".
Por lo demás, todo parece encajar. A nivel colectivo, el equipo se ha desviado. Parte del vestuario parece haber perdido el hambre de éxito —al menos entre quienes ya lo han ganado todo, como Vini o Valverde. En cuanto a la mentalidad, posiblemente más individualista, probablemente ha precipitado la caída de uno de los entrenadores más prometedores de Europa. Una situación aún más problemática porque, esta vez, Florentino Pérez parece alinearse con sus jugadores, al contrario de lo que ocurrió hace veinte años.
El poder presidencial se retira, la crisis avanza
Cuando se esperaba que el poder presidencial se impusiera en las tensiones entre Xabi Alonso y el grupo, este se mantuvo al margen. Tras el Clásico de Liga y la famosa reacción de Vinícius Jr., el técnico español se encontró en un callejón sin salida: la directiva no intervendría y dejaba al vasco frente a "sus" responsabilidades, las de gestionar el vestuario.
A partir de ahí, la caída del ex de la Real Sociedad parecía inevitable. En apenas tres meses, Xabi Alonso entendió que no se "comería el turrón". Finalmente, aguantó, pero no mucho.
Entonces llegó un hombre de la casa: entrenador del Castilla y campeón de Europa con el club, Álvaro Arbeloa. Un perfil que rápidamente se percibe como la encarnación perfecta de la visión de Florentino Pérez, la de un entrenador que apoya a "sus chicos". Cercano a Xabi Alonso, pero formado íntegramente en Madrid —desde la Fábrica hasta el banquillo del Santiago Bernabéu—, Arbeloa simboliza una ruptura clara con su antecesor.
"Lo que quiere Vini, y lo que quiero yo, es el apoyo del Bernabéu para todos mis jugadores, y por supuesto para Vini", insistió el técnico de 43 años en rueda de prensa el lunes. "Lleva años escribiendo su leyenda en el Real Madrid. Nos ha dado dos Champions y noches inolvidables. Necesita al Bernabéu para dar lo mejor de sí mismo".
Y añadió: "No sé si he sido lo bastante claro. Vini estará en el campo mientras esté bajo mis órdenes. Es un jugador fantástico y quiero que toque el balón lo máximo posible. Si quiero tener opciones de ganar títulos, tengo que tenerlo en el campo".
En Madrid, cuando los jugadores señalan... a los propios jugadores
Arbeloa parece querer evitar el destino de su antecesor... o quizá no, conociendo al hombre y al exjugador. Madridista de corazón, entiende el Real Madrid como un club que debe apoyarse en sus futbolistas más laureados, los que lo han ganado todo —una realidad que, según él, muchos han olvidado. Para él, su papel es acompañarles para que puedan expresarse al máximo, porque ya son auténticas leyendas. ¿Por qué criticarlos, entonces, aunque en realidad no estén en su mejor momento?
Es él quien debe hacer bien su trabajo, y además ha recalcado que si el equipo pierde, el principal responsable será él. Un discurso que sin duda agrada a la directiva... pero que no refleja del todo su personalidad, ya que él mismo no se cuestiona demasiado. Igual que los jugadores.
O mejor dicho, solo algunos jugadores. Dani Carvajal ha sido uno de los primeros en hablar estos días. Tras la derrota en Albacete (3-2), el lateral derecho español salió en zona mixta para reconocer que él y sus compañeros debían hacerlo mejor, porque no habían estado a la altura.
Pero sobre todo ha sido Kylian Mbappé quien ha querido lanzar un mensaje en rueda de prensa este lunes: "¿Los silbidos? Los entiendo. Antes de ser futbolista, yo también fui al estadio, y cuando no estaba contento, criticaba a los jugadores, silbaba. Lo entiendo, porque no estamos haciendo las cosas bien".
Un discurso que contrasta con el de su actual entrenador y la visión de su presidente. Como buen líder, el francés no dudó en proteger a su compañero brasileño, recordando que el problema es del equipo en su conjunto:
"Lo que me molesta es que si los aficionados silban, debería ser a todo el equipo. No hay que cargar contra un solo jugador. Tenemos malos resultados como equipo, y tenemos el carácter necesario para cambiarlo en el campo".
"Por supuesto, no es culpa de Vini. Es culpa de todo el equipo. Eso es lo único que quiero decir a los aficionados. ¡Que silben a todo el equipo! Hay que aceptarlo, es nuestro papel. Lo sabemos. Pero no se puede señalar a unos pocos y decir que es culpa suya. Es culpa de todos".
Asumiendo la crítica colectiva, Mbappé parece querer cambiar la dinámica. Queda por ver si eso será suficiente para salvar la temporada del Real Madrid.
