Noruega ha dominado las disciplinas nórdicas, impulsada por la leyenda Johannes Klaebo y sus seis títulos (33 medallas de 41, es decir, el 80,5%). Países Bajos ha arrasado en patinaje de velocidad y short track (20 de 20, el 100%). Francia ha sido la gran protagonista en biatlón (13 de 23, el 56,5%). Alemania, por su parte, ha destacado en bobsleigh y luge (13 de 26, el 50%). Como es habitual, Estados Unidos ha mostrado un rendimiento completo, aunque con una preferencia especial por el esquí freestyle (ocho de 33, el 24%).
¿Y qué pasa con Italia? En casa, los atletas locales han conseguido 30 medallas, repartidas de manera muy equilibrada. El país anfitrión ha demostrado la amplitud de sus capacidades. Con un máximo de cinco medallas por disciplina (en patinaje de velocidad, con tres títulos, y en esquí alpino, con dos títulos, el 16,6% cada uno), Italia no ha dominado un sólo sector y no ha dependido de un deporte específico para aumentar su balance.
Por supuesto, conocer las instalaciones es una gran ventaja, algo común para los países organizadores, y el público tiene un impacto indiscutible en los resultados. Sin embargo, la capacidad italiana para rendir en casi todas las disciplinas es realmente admirable. Así, las 30 medallas han llegado en 10 deportes diferentes. Solo Estados Unidos supera este dato, con 11.
Francesca Lollobrigida y Federica Brignone
A destacar, el papel de Francesca Lollobrigida, que se ha colgado el oro con récord olímpico en los 3.000 metros y también en los 5.000 metros en patinaje de velocidad. Por su parte, Federica Brignone también ha logrado dos oros en esquí alpino: en el supergigante y en el eslalon gigante.
Al final, solo el biatlón ha quedado ligeramente por debajo de lo esperado. Lisa Vittozzi, campeona en la persecución, ha salvado el balance, que se vio afectado por el bajo rendimiento de Tommaso Giacomel, quien sufrió psicológicamente tras la muerte accidental en diciembre de su amigo noruego Sivert Bakken y temía la presión del público. Exhausto, incluso tuvo que abandonar la mass-start al final de la quincena.
Durante toda la competición, Italia ha demostrado su vitalidad y fortaleza en los deportes de invierno, lo que refleja una inversión a largo plazo, tanto financiera como humana y cultural. Esto augura grandes cosechas en los próximos Juegos Olímpicos.
