El Betis recibió al Oporto en casa en su regreso a la Champions 20 años después. Un gran Isco avaló las expectativas y dejó los mejores presagios tras la goleada ante Osasuna.
Echando la vista atrás, la victoria en Francia contra el Lille era oro puro para afrontar la segunda jornada con la calma necesaria que exige la Champions League.
No podían decir lo mismo sus rivales, que cayeron en casa frente al Manchester City y llegaban a Sevilla con algo más de necesidad que los verdiblancos.
Pellegrini planteó un inicio asfixiante para los vecinos del oeste. Las flechas de los costados trataron de volver locos a sus pares y las brújulas del equipo estuvieron inspiradas para encontrar a las referencias.
Aunque la primera ocasión fue digna del fútbol inglés. Valles encontró a Abde con un pase largo, el marroquí dribló como acostumbra y probó a Diogo Costa con un disparo raso al palo largo. Estuvo fino el luso, no como en la siguiente, cuando se encomendó a la Virgen de Fátima ante el remate de Marc Roca. La ocasión llegó tras un buen robo arriba de Ángel Ortiz, que combinó con Isco para dejar solo al pivote bético. Este fusiló al portero, pero su remate se marchó por centímetros, aliviando a un Oporto sobrepasado en un inicio agitado.

El Betis llevó la batuta, pero faltó afinar la melodía
Siguió apretando el Betis, pero no todo el viento soplaba a su favor. Las tormentas son impredecibles y un zapatazo de Valles salió defectuoso, dejando solo a André Silva. El ex del Sevilla y de la Real Sociedad picó el balón, al que Natan llegó para salvar la situación. Sin embargo, la confusión del central brasileño permitió al delantero rematar de cabeza. Al Betis, que se había dormido, le salvó el larguero.
Las respuestas lusas fueron habituales, pero quien llevó la iniciativa del discurso fue el Betis. Isco, Fran, Parrott, Deossa o Abde fueron algunos de los nombres propios que se acercaron al gol. Farioli y los suyos, abrumados por el potencial ofensivo de los de las 13 barras, también demostraron llevar las garras afiladas.
Y es que cada internada lusa metía el miedo en el cuerpo a los asistentes en La Cartuja. Más aún cuando Martim Fernandes, en una jugada embarullada, resolvió la acción con un zurriagazo que acabó en un gol fantasma, con el reloj de Turpin chivándose de que el balón había sobrepasado la línea.
El drama se instauró hasta que el VAR contrarrestó el aviso de la tecnología al mostrar una mano previa de Borja Sainz, que había intentado rematar de chilena en una acción inmediatamente anterior al disparo del lateral derecho del Oporto.
Una vez solucionado el problema, los jugadores se marcharon a los vestuarios con caras contrariadas. Unos, por no haber sido capaces de transformar en goles su superioridad a los puntos; los otros, por ver cómo un ligero toque les había arrebatado la iniciativa en el marcador.
14 minutos tarda un dragón en contraatacar
Los quebraderos de cabeza no duraron mucho en el combinado local. El plan siguió su rumbo, el mismo que había diseñado el Ingeniero en la previa. Antes del minuto 50, Fran se internó por el carril central y abrió a Abde, liberado de su marca tras el arrastre del lateral. No se lo pensó ni una milésima de segundo: se perfiló y colocó el balón en la escuadra, firmando un golazo de bandera.
El 1-0 sentó bien al Betis, que, si no llega a ser por el poste, habría celebrado el segundo tras una jugada de pillo de Antony. El brasileño robó en tres cuartos de campo y remató con Diogo Costa descolocado. La madera fue la mejor defensa de los dragones.
Dulce momento para un beticismo al que la sonrisa le duró siete minutos. A tenor de lo visto en los primeros 45 minutos, los lusos volvieron a acercarse con peligro y Gabri Veiga transformó una falta con la colaboración de Valles.
El semblante fue cambiando con el paso de los minutos. Un cuarto de hora después del tanto de Abde, el Oporto vio cómo se completaba la remontada con el gol de un futbolista criado en Sevilla. Samu hizo buenos los cambios del técnico italiano al aprovechar un tacón de Pepe y mandar el balón al fondo de la portería rival.
Remontada color verde
Los tantos provocaron un desplome emocional de los locales, pero el partido iba de idas y venidas.
Varias jugadas de los visitantes se quedaron en agua de borrajas, algo que aprovechó el Betis. Los 14 minutos que tardaron los portugueses en remontar también se convirtieron en una cifra simbólica para los verdiblancos. Fue el tiempo que necesitaron Antony y Cucho para asociarse. El brasileño encontró al cafetero, que cruzó el balón e hizo imposible la estirada del internacional portugués.
Con el empate en el marcador, los ánimos se calmaron y el Betis volvió a controlar el encuentro a través de la posesión.
Ángel Ortiz aprovechó la siesta portista para internarse en el área y recibir la patada de Moura, que derribó al canterano. Turpin necesitó otra visita a la pantalla e Isco se encargó de transformar el penalti con un disparo cruzado para poner el 3-2 definitivo.
Valles se repuso de su error en el primer tanto con un paradón espectacular a Santi Giménez en el descuento del partido.

Jugador Flashscore del partido: Abde (Betis).
