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La tranquilidad, el bien más codiciado del mercado de la Premier League

Elliot Anderson, nuevo jugador del Manchester City
Elliot Anderson, nuevo jugador del Manchester CityREUTERS / Chris Radburn

La mentira más antigua del fútbol es que el dinero compra calidad. Este verano, la Premier League se ha encargado de demostrar que en realidad compra otra cosa. Si miramos las dos tablas una al lado de la otra, parecen ir en direcciones opuestas: los campeones apenas se han movido, mientras que un equipo que terminó 10º lidera la tabla de gasto neto, y otro que acabó en el puesto 17 está segundo. Aún quedan dos semanas de mercado, y los clubes que más gastan no son los mejores. Son los que tienen miedo.

Lo que están comprando es tranquilidad, y la tranquilidad ha resultado ser lo más caro de todo.

El Chelsea ha pagado, según se informa, unos 136 millones de euros por Morgan Rogers, superando poco los que ha abonado el Manchester City al Nottingham Forest por Elliot Anderson, convirtiendo a dos ingleses en los futbolistas británicos más caros de la historia con apenas dos semanas de diferencia. Y todavía quedan un par de semanas de mercado.

Ninguno de los dos clubes está comprando una garantía. Ambos pagan cifras récord para sentir que la tienen.

Si a eso le sumamos que casi todos los banquillos importantes han cambiado de dueño en los últimos 12 meses, el primer movimiento de un nuevo entrenador siempre es comprar su propia certeza: perfiles de confianza, nombres que calman a la afición, jugadores ya contrastados en Inglaterra para que nadie tenga que justificarlos.

Luego llega un Mundial, y de repente cualquier jugador al que se haya visto durante un mes parece imprescindible, y los clubes han dejado de fichar futbolistas para empezar a comprar pólizas de seguro.

La reconstrucción de los Spurs de De Zerbi

Nadie lo representa mejor que el Tottenham. Hablamos de un club que ha terminado dos temporadas seguidas en el puesto 17 y que se salvó en la última jornada, ahora transformado en el segundo mayor gastador neto de la competición con unos 184 millones de euros en el momento de escribir esto. Tonali costó inicialmente unos 108 'kilos', una cifra que puede llegar a los casi 117 millones, récord del club. Mateus Fernandes cambió de camiseta por alrededor de un centenar procedente de un West Ham descendido, mientras que Jan Paul van Hecke salió del Brighton por 60.

Son unos 311 millones en traspasos, casi todo invertido en nombres ya contrastados en la Premier League, para tranquilizar a una plantilla que la temporada pasada estuvo a una derrota del descenso.

En su favor, también han buscado gangas, incorporando a Andy Robertson, Marcos Senesi y Martin Dubravka a coste cero, justo el tipo de operaciones sensatas y de bajo riesgo que un club en su situación debería hacer, y precisamente por eso los fichajes millonarios a su lado resultan tan extraños.

Roberto De Zerbi insiste en que el trabajo no está terminado y que el Tottenham merece competir arriba, y viendo el ritmo del mercado, no sería raro ver otra gran incorporación antes del cierre, especialmente en ataque.

No es tanto un plan como un reflejo con la chequera en la mano, y hay algo casi admirable en la magnitud de la ambición. Pero también podría no servir para nada.

Chelsea y City buscan estabilidad

El Chelsea, el motor de la ansiedad en el fútbol moderno, está siguiendo el mismo guion pero con más estilo. Terminó 10º, lidera la tabla de gasto neto con unos 211 millones de euros, y le arrebató a Rogers al Arsenal, que no quiso igualar la oferta al Villa. Todo financiado, como siempre, por el único departamento realmente de élite del club: las ventas, con Marc Cucurella aportando entre 55 y 60 millones tras su salida al Real Madrid.

El toque de experto está en los fichajes tranquilizadores que pasan desapercibidos: entre tanto joven, Xabi Alonso ha incorporado a Danny Welbeck y Jordan Henderson, ambos nacidos en 1990, que seguramente se venden al vestuario como experiencia, si no como asesores de pensiones.

 Incluso el Manchester City no es inmune, lo que demuestra hasta dónde ha llegado esta tendencia.

Guardiola se ha ido, Maresca ha llegado, y el club más sereno de la era moderna ha pasado el verano vendiendo a Rodri, ganador del Balón de Oro y mejor mediocentro defensivo de su generación, al Barcelona por 60 millones de euros fijos, después de haber tenido la previsión de pagar más de 130 al Forest por Anderson para cubrir el hueco que acababan de dejar.

Cuando el City empieza a pagar cifras de nueve dígitos para calmar sus propios nervios, es que esto ha contagiado a todos.

¿Prudencia o parálisis?

Y luego está el Manchester United, el caso contrario que ilustra el punto. La temporada pasada, Michael Carrick los llevó de forma espectacular al tercer puesto y de vuelta a la Champions, con Bruno Fernandes como mejor jugador del curso tras lograr un récord de 21 asistencias.

Un club gigante que regresa a Europa ha reforzado, hasta ahora, con Andrey Santos por en torno a 58 millones de euros y Youri Tielemans por una cláusula de cerca de 41 'kilos', más un portero de 35 años a coste cero.

O bien es la calma de un equipo que confía en sí mismo, o la austeridad de un club que aún paga las deudas del verano pasado. Prudencia o parálisis, con la misma apariencia.

Y está el club que se vende por partes para financiar la tranquilidad de los demás. El Newcastle ha sido desmantelado por completo, y el mercado aún no ha terminado con ellos. Bruno Guimaraes se fue al ArsenalSandro Tonali al Tottenham y Anthony Gordon al Barcelona, por lo que han ingresado unos 275 millones. 

En una sola ventana han vendido tres quintas partes de su columna vertebral, incluido el capitán, de un club que ya se había quedado fuera de Europa la temporada pasada. Eddie Howe se ha marchado, Matthias Jaissle ha llegado, y la reinversión lo dice todo: unos 168 millones repartidos en seis jugadores, casi todos menores de 24 años.

Es un club obligado a cambiar certeza por esperanza, yendo a contracorriente del mercado y no por elección. Hasta que llegue un mediocentro organizador, que siguen buscando, el proyecto en Tyneside avanza con su pilar principal vendido a un rival de la su propia liga.

Eso nos lleva a los nuevos dueños de ese pilar, y al único club lo bastante seguro como para gastar desde la comodidad y no desde el miedo.

El Arsenal puso fin a una sequía de 22 años con 85 puntos y la mejor defensa de la división, además de llegar a la final de la Champions. Bruno por 75 millones es, en sí mismo, un gran negocio. La duda está en cómo encaja.

El brasileño llega a un centro del campo ya repleto con Declan Rice, Martin Odegaard y campeones del Mundial como Martín Zubimendi y Mikel Merino. Es como comprar un segundo horno porque el primero es excelente, mientras el problema real -un equipo que sigue teniendo dificultades para marcar muchos goles- solo se aborda parcialmente con Christos Tzolis por unos 40 millones.

Más allá de los rumores sobre Vinicius Júnior, esto es lo que significa gastar sin ansiedad, y parece un lujo que nadie más puede permitirse ahora mismo.

En el resto de Europa, a otro ritmo

En el continente, el Barcelona ha fichado a Rodri porque la certeza tiene nombre, y es el capitán campeón del Mundial, una operación solo matizada por el hecho de que tiene 30 años y viene de una lesión de cruzado.

Solo Jose Mourinho parece haber entendido que lo familiar no tiene por qué costar una fortuna: Ibrahima Konaté, Bernardo Silva y Denzel Dumfries han llegado al Real Madrid sin traspaso mediante. El más listo del verano, por ahora, es el que no paga 'nada' por tranquilidad.

Italia, mientras tanto, ha ido a contracorriente, recogiendo jugadores de los que Inglaterra se ha cansado, con el Inter llevándose a Djed Spence y el Nápoles apostando por Rasmus Hojlund, prueba de que la incertidumbre descartada por una liga es la ganga de otra.

Y por encima de todos está el PSG, el auténtico campeón de Europa vigente, que ha observado todo el circo con la serenidad de un club que ya consiguió hace años todo lo que otros buscan con prisas, y ahora simplemente no lo necesita.

En definitiva, este es el mercado en el que los clubes han dejado de comprar jugadores para intentar comprar tranquilidad, y nada en el fútbol tiene un sobreprecio mayor. 

Los equipos que tienen clara su identidad gastan poco o gastan con calma, y duermen tranquilos. Los que esconden una crisis de identidad pagan una fortuna para sentirse un poco más seguros, pero un maletín lleno de dinero rara vez ha calmado del todo a un club nervioso. 

Así que, entre ahora y el 1 de septiembre, algún club más pagará una cifra récord por lo único que el fútbol nunca ha vendido: la certeza de que todo esto vaya a funcionar.

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Una nueva edición de la Premier League, la de la temporada 26/27, comienza el viernes 21 de agosto. Sigue la última hora de la competicion inglesa con Flashscore.

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